Conclusiones de un trabajo de investigación: Traducción e interpretación jurada en España

El reciente curso 2011-2012 lo he dedicado, entre otras cosas, a hacer el Máster de Comunicación Intercultural de la UAH. Una de las asignaturas del curso consistía en la realización de un trabajo de investigación. Por eso, durante los meses de febrero-junio me dediqué a un tema que me apasiona: la traducción jurada. En esta entrada podréis leer las conclusiones a las que llegué después de meses de lecturas y reflexiones personales.

Mi objetivo durante estos meses era crear un un reflejo de la situación actual de la traducción e interpretación jurada, a través de muchas páginas en las que se explora la legislación y las posibilidades de formación, tanto dentro como fuera de nuestras fronteras, y la opinión de los participantes en la profesión y su situación laboral.

Sin embargo, es posible que a veces parezcan unas conclusiones algo negativas y pesimistas. Lo que sí que es cierto es que la situación actual de la profesión está cambiando, debido a los últimos giros legislativos y a la situación profesional de los trabajadores que se dedican a ella. Tal vez dentro de unos años, echando la vista atrás, podamos ver la situación del oficio mucho más perfilada, con algunas de las incógnitas solventadas y con un futuro mucho más cerrado, en cuanto a las numerosas salidas que ahora se perfilan en el horizonte. Una prueba de que nos hallamos en un momento de cambio es que la Oficina de Interpretación de Lenguas (OIL) ha retrasado durante más de un año la siguiente convocatoria de exámenes para el nombramiento de traductores e intérpretes jurados, lo que hace pensar que pueda estar pensando en cambiar las modalidades de los exámenes, que buena falta hace como muchas voces han solicitado ya.

Una de las conclusiones más importantes es la necesidad de tomar conciencia de la labor que realizan los traductores e intérpretes jurados. ¿Y quién debería hacerlo? Bajo mi punto de vista, todos los participantes del proceso de traducción e interpretación jurada. Desde el cliente que solicita el trabajo, ya sea este un particular o la Administración Pública, hasta el propio traductor jurado.

Quizá sea muy difícil concienciar al cliente particular sobre la labor específica de un traductor jurado, pues es muy posible que este tipo de cliente solo vaya a necesitar los servicios de un traductor jurado de manera puntual. No obstante, y de acuerdo con una idea expuesta por Roberto Mayoral, sería muy positivo que se consiguiera fomentar la comunicación entre el traductor jurado y la propia Administración, que es uno de los clientes más importantes para el traductor jurado. Así, podríamos conseguir no solo que la Administración Pública se implicara mucho más de lo que está haciendo en la labor traductora, sino que también se evitarían ciertos problemas de aceptación de las traducciones.

Dicho sea de paso, parece casi una broma la legislación actual que regula el trabajo de intérpretes en la Administración de Justicia. Data del siglo XIX y, como vais a comprobar, pone literalmente los pelos de punta:

Artículo 441. (Ley de Enjuiciamiento Criminal)

El intérprete será elegido entre los que tengan títulos de tales, si los hubiere en el pueblo. En su defecto, será nombrado un maestro del correspondiente idioma, y si tampoco le hubiere, cualquier persona que lo sepa.

Lo que se consigue con vacíos legales de este calibre es un alto grado del tan manido intrusismo profesional, que nos lleva al desprestigio de la profesión y nos aleja aún más de la tan ansiada profesionalización.

Parece que este problema está tratando de solucionarse actualmente con la transposición de la Directiva Comunitaria sobre la asistencia de intérpretes en los procesos penales. Es una tarea todavía en curso, por lo que tendremos que esperar hasta que una ley sea aprobada para ver los resultados del texto que se ha transpuesto, aunque parece que la Directiva se está transponiendo casi al pie de la letra. De ser cierto, tampoco se estaría aprovechando la oportunidad de reformar la ley actual para solventar ciertas carencias que tiene la propia Directiva. Entre esas carencias, la que más afecta a los traductores e intérpretes jurados es la poca concreción que se da sobre la formación de dichos profesionales.

Está claro que es el propio profesional de la traducción e interpretación jurada el que debe fomentar ese diálogo con la Administración, aunque también se espera de ella una respuesta adecuada y efectiva. Nadie, salvo nosotros, está lo suficientemente preparado para dar a conocer nuestro trabajo y la valía del mismo. Sin embargo, también es cierto que, en muchas ocasiones, es el propio profesional el que tira piedras sobre su propio tejado desconoce las características especiales de la traducción jurada; es decir, lo que la distingue de otros tipos de traducción. Prueba de ello, es la oferta de tarifas excesivamente bajas con las que solo se consigue perjudicar gravemente al sector. Es muy probable que las razones de unas malas tarifas sean: por un lado, el desconocimiento de los principiantes y, por otro lado, la necesidad de meterse en un mercado altamente competitivo. No obstante, las tarifas bajas son un auténtico callejón sin salida, pues será cada vez más difícil alejarse de unas tarifas irrisorias para ir alcanzando cotas más dignas.

Con la educación de las partes participantes en lo que consiste realmente la traducción e interpretación jurada, no solo conseguiríamos una mayor aceptación de las tarifas propuestas y una mejora del estatus de la profesión en la sociedad, sino que quizá allanáramos algo más el camino hacia la creación de un Colegio Profesional de traductores e intérpretes jurados, por muy utópico que esto suene a día de hoy. Hasta ahora, existen ciertas Asociaciones Profesionales, como la APTIJ, que realizan una labor encomiable, y está claro que sin su ayuda el traductor e intérprete jurado estaría aún más perdido de lo que está actualmente.

Por otro lado, he podido constatar, gracias a las encuestas realizadas, una cierta desconfianza existente entre los traductores jurados nombrados a través del examen y los traductores jurados de la Licenciatura. Muchos de los primeros creen que los segundos no están lo suficientemente preparados para traducir cierto tipo de textos. Sin embargo, se ha demostrado que, de una u otra manera, los traductores jurados de la Licenciatura han recibido algún tipo de formación específica en los textos que luego tratan como profesionales, algo que no pueden aducir muchos de los traductores por examen. Sea como fuere, lo que sí que es cierto es que es la experiencia la que da calidad al traductor jurado, por lo que es importante que unos y otros se enfrenten a numerosos encargos de traducción e interpretación jurada para que puedan ir aumentando la calidad ofertada.

Por otro lado, tampoco es comprensible la desigualdad entre el examen que da acceso al nombramiento y las asignaturas que se solicitan para poder conseguir el título. Con la Licenciatura, se solicitan asignaturas específicas de traducción especializada (jurídica, jurada y económica, tanto directa como inversa, así como asignaturas de interpretación) y el examen es mucho menos restrictivo, en cuanto a la comprobación de conocimientos de traducción especializada. Sería mejor que, puesto que ya no existe la posibilidad de acceder al nombramiento a través de estudios universitarios, la OIL aprovechara este momento de cambio para modificar también el tipo de examen, para que este fuese mucho más adecuado con lo que luego el traductor e intérprete jurado va a tener que hacer frente en su vida profesional.

En definitiva, lo que sí que es cierto es que, por un cúmulo de razones, la traducción jurada ya no es ese grupo selecto de profesionales que cobraban tarifas bastante más elevadas que el resto de traductores y que, con eso, conseguían alejarse de otros ámbitos de la traducción y acercarse más al estatus de otros fedatarios públicos. Ahora existe una verdadera competencia entre los traductores jurados que se acerca más a la existente en otros tipos de traducción, sin que sea esto un aspecto necesariamente positivo o negativo.


 Hasta aquí las conclusiones de meses de lecturas y reflexiones personales. Me gustaría aclarar que no pretendo ser taxativa con las opiniones vertidas aquí. Me encantaría que este fuese un espacio abierto en el que todos expresemos nuestro punto de vista. Quedáis invitados.

Ah, si os ha interesado esta entrada, próximamente publicaré otra con las conclusiones obtenidas tras las encuestas realizadas a profesionales de la traducción jurada en España.

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Acerca de 1000y1traducciones

- Licenciada en traducción e interpretación por la Universidad Autónoma de Madrid. - Traductora jurada inglés-español. - Traductora inglés / francés / alemán - español. Ver todas las entradas de 1000y1traducciones

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